TRES BAUTISMOS

El Nuevo Testamento se refiere a tres diferentes tipos de bautismo, todos ellos importantes en el proceso de la transformación del creyente:

Ser bautizado, significa ser sumergido, lo cual implica la dimensión pascual de muerte y resurrección y refleja el proceso por el que todos hemos de pasar en la vida cristiana.

Estos tres momentos son necesarios para alcanzar la estatura de Cristo Jesús, para que ya no vivamos nosotros, sino que sea él quien viva en nosotros (Gal 2, 20).

Cuando el maíz está en las mazorcas, no sirve para alimento. Por eso, se desgrana y se almacena; pero aún así, si alguien lo tratara de comer, se rompería los dientes, porque es demasiado duro.
Entonces, el maíz debe entrar a un molino que lo pulveriza. Parece que pierde su identidad, pero en realidad está en el proceso de convertirse en alimento para los demás.
Una vez transformado en harina, se le agrega agua o algún otro ingrediente para que se torne en masa.
La masa, materia prima para diversidad de alimentos, es metida en el horno para poder ser comida.
Hasta que el maíz ha pasado por estas tres etapas, es cuando se convierte en alimento sustancioso.

También nosotros precisamos pasar por esas tres etapas: El molino, el agua y el fuego.

Bautismo en la muerte de Jesús: El molino tritura nuestros preconceptos e ideas contrarias al Reino de Dios. Si no rompemos con nuestros esquemas, y aun con ciertas tradiciones religiosas, no estaremos aptos para aceptar el Reino de Dios. Es necesario morir para nacer de nuevo, de manera especial morir al pecado y actitudes pecaminosas. La cruz no nos hace morir, simplemente mata todo aquello que no nos deja vivir, o que no nos permite ser libres ni felices. Si no morimos en Cristo, no vamos a resucitar en él.

Bautismo en el agua: Este bautismo nos purifica desde lo más profundo de las motivaciones, para realmente convertirnos, lo cual no se reduce a un cambio de moral, sino a actuar con pureza de intención. Jesús, alfarero divino, nos moldea y nos prepara para poder transformarnos en su imagen y semejanza.

Bautismo en el fuego del Espíritu: Nos transforma en la imagen y semejanza de Cristo Jesús. Este fuego nos hace arder el corazón por la experiencia de ser amados por Dios y enamorados de Cristo Jesús, para ser testigos con el poder del Espíritu.

El Señor Jesús nos pregunta:

Si ya has recibido estos tres bautismos, entonces estás creciendo para alcanzar mi estatura.

Necesitamos ser bautizados
en la muerte de Jesús, en el agua y el Espíritu,
para reproducir la imagen de Jesús

José H. Prado Flores